Hace
mucho tiempo escuché la frase 'todos los caminos conducen a
Roma'. Sin embargo, ya desde el momento en que lo escuché,
pensé que esto representaba una visión exagerada, a
la vez que parcial, de la realidad porque no todos los caminos conducen
al mismo lugar. En cuestiones espirituales no hay muchos caminos que
conduzcan a la presencia del Señor. En realidad, sólo
hay uno.
El resto, tal vez, lleva al marco de la puerta del reino o simplemente,
a darse la cabeza contra la pared. Y pensándolo bien, golpearse
contra la pared o contra el marco representa lo mismo, porque el punto
es entrar por la “puerta estrecha” y no sólo llegar
hasta ella.
Uno de los problemas centrales de seguir caminos que conducen a lugares
no deseados está relacionado con una especie de ceguera que
lleva a confundir el lugar correcto a la hora de reconocer el “sendero
angosto y estrecho”. Para ejemplificarlo asignemos colores a
los caminos. Por ejemplo, blanco para el que conduce a entrar por
la puerta; entonces, por oposición, podemos asignarle negro
al que conduce a “las tinieblas de afuera”. Sin embargo,
entre ambos debe haber un gradiente de tonos que llevan desde el gris,
casi, casi blanco hasta el negro. No obstante hay un solo blanco y
los demás son matices. Y aquí comienzan los problemas. |
Este
tema de los matices se podría explicar con un neologismo, algo
así como el resultado del "mas-o-menismo”, que asigna
el mismo grado de valor a vivir los principios del evangelio con exactitud,
a no tanto. Muchos están creídos que en ese camino de
tonos grises al final recibirán un par de bofetones y todo
estará bien. Sin embargo, es interesante recordar que en Apocalipsis
(3:15-16) el Señor le dice a la Iglesia en Laodicea que “yo
conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá
fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío
ni caliente, te vomitaré de mi boca". Grave perspectiva.
Como quiera que sea, la única forma de guardar la ley, es guardarla
en su pureza, para lo cual no hay medios tonos. Resulta muy extraño,
por decirlo de alguna manera, el concepto de vivir parcialmente los
principios del evangelio. Si de la Palabra de Sabiduría se
tratara, ¿cómo podría fumar, beber o drogarme
“más o menos”? Lo mismo respecto de la Ley de Castidad
o de cualquier otro mandamiento. |
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En
el Sermón de Monte el Señor recomienda que “sea
vuestro hablar: sí, sí; no, no; porque todo lo que es
más que eso de mal procede” (Mateo 5:37). No hay
matices porque “ninguno puede servir a dos señores”,
dice Mateo 6:24. Al fin, se es fiel o no se es fiel a lo convenido.
¿Difícil decisión? Puede parecer; tampoco nadie
dijo que iba a ser fácil. No obstante, conviene recordar que
en el concilio de los cielos tomamos una determinación que
nos condujo a este plano de experiencia por no haber sido parte de
la rebelión que allí se suscitó.
De modo que habiendo ganado la oportunidad de tener un cuerpo y de
conocer el evangelio y el Plan de Salvación, si nos atamos
al carro de la vida según el modelo propuesto por el mundo
podremos disfrutar de muchas de aquellas “prohibiciones”
del evangelio a las que se allegan los enemigos de la luz. Sin embargo,
al final, tendremos un gran dolor de cabeza que podría ser
interpretado como “lloro y crujir de dientes”. Y no tendremos
justificaciones, porque fue uno el que habrá elegido cumplir
“mas o menos” o “vivir en la tibieza” o en
un "tono gris". |
La
trampa de la que se vale el mundo, o los agentes de la oscuridad,
consiste en obviar o minimizar el cumplimiento fiel, relativizando
las consecuencias de los actos, interfiriendo la capacidad de reconocer
el bien del mal y distrayendo con astutas sutilezas la conciencia.
Por ello no deja de ser necesario recordar permanentemente que el
mejor antídoto contra este mal es esforzarse por vivir de acuerdo
a los principios aceptados, ya que es sólo en el ámbito
de lo práctico como obtenemos la fortaleza de vencer estas
cosas.
El Señor dice “probadme ahora en esto”.
Si bien se refiere al diezmo de su pueblo y a las bendiciones resultantes,
por extensión este desafío se puede aplicar a todo otro
ámbito de la experiencia cotidiana e implica definir en quien
pondremos nuestra confianza. Respecto a la actitud con que enfrentamos
estas decisiones, resuena en mi memoria la firme voz de Josué
diciendo “escogeos hoy a quien sirváis…más
yo y mi casa serviremos a Jehová” (Véase
Josué 24:15). |
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Comentarios
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El problema
creo que además yace sobre la perspectiva que se tiene, quizás
culpa de nuesta socialización primaria o secundaria según
sea el caso, pues en general se nos ha criado con la perspectiva de
que el "casi" es es correcto de usar y de vivir. No es sancionado
y aún es permitido decir y vivir dicendo que cumplo con casi
todos los mandamientos, voy casi todos los domingos a la Capilla,
pago casi todos los meses el diezmo, ayuno casi todos los meses, oro
casi todos los días, casi todos los lunes hago mi noche de
hogar. Me imagino que en algún momento alguien podrá
decirnos "Casi" te salvaste.
Creo firmemente que Dios es un dios celoso que no acepta términos
medios, es como pensar que el agua hierve solo a 100 ºC y no
a 99 ºC, que la diferencia la hace un solo grado pero esa diferencia
entre ambos nos arroja como resultado que a los 99 sólo se
tiene agua caliente y a los 100 comienza el milagro.
Saludos cordiales
Marco Antonio Panés Spano
Coquimbo - Chile
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