El marco de la puerta
Por Alfredo Cascallares

Hace mucho tiempo escuché la frase 'todos los caminos conducen a Roma'. Sin embargo, ya desde el momento en que lo escuché, pensé que esto representaba una visión exagerada, a la vez que parcial, de la realidad porque no todos los caminos conducen al mismo lugar. En cuestiones espirituales no hay muchos caminos que conduzcan a la presencia del Señor. En realidad, sólo hay uno.
El resto, tal vez, lleva al marco de la puerta del reino o simplemente, a darse la cabeza contra la pared. Y pensándolo bien, golpearse contra la pared o contra el marco representa lo mismo, porque el punto es entrar por la “puerta estrecha” y no sólo llegar hasta ella.
Uno de los problemas centrales de seguir caminos que conducen a lugares no deseados está relacionado con una especie de ceguera que lleva a confundir el lugar correcto a la hora de reconocer el “sendero angosto y estrecho”. Para ejemplificarlo asignemos colores a los caminos. Por ejemplo, blanco para el que conduce a entrar por la puerta; entonces, por oposición, podemos asignarle negro al que conduce a “las tinieblas de afuera”. Sin embargo, entre ambos debe haber un gradiente de tonos que llevan desde el gris, casi, casi blanco hasta el negro. No obstante hay un solo blanco y los demás son matices. Y aquí comienzan los problemas.
Este tema de los matices se podría explicar con un neologismo, algo así como el resultado del "mas-o-menismo”, que asigna el mismo grado de valor a vivir los principios del evangelio con exactitud, a no tanto. Muchos están creídos que en ese camino de tonos grises al final recibirán un par de bofetones y todo estará bien. Sin embargo, es interesante recordar que en Apocalipsis (3:15-16) el Señor le dice a la Iglesia en Laodicea que “yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca". Grave perspectiva.
Como quiera que sea, la única forma de guardar la ley, es guardarla en su pureza, para lo cual no hay medios tonos. Resulta muy extraño, por decirlo de alguna manera, el concepto de vivir parcialmente los principios del evangelio. Si de la Palabra de Sabiduría se tratara, ¿cómo podría fumar, beber o drogarme “más o menos”? Lo mismo respecto de la Ley de Castidad o de cualquier otro mandamiento.
En el Sermón de Monte el Señor recomienda que “sea vuestro hablar: sí, sí; no, no; porque todo lo que es más que eso de mal procede” (Mateo 5:37). No hay matices porque “ninguno puede servir a dos señores”, dice Mateo 6:24. Al fin, se es fiel o no se es fiel a lo convenido.
¿Difícil decisión? Puede parecer; tampoco nadie dijo que iba a ser fácil. No obstante, conviene recordar que en el concilio de los cielos tomamos una determinación que nos condujo a este plano de experiencia por no haber sido parte de la rebelión que allí se suscitó.
De modo que habiendo ganado la oportunidad de tener un cuerpo y de conocer el evangelio y el Plan de Salvación, si nos atamos al carro de la vida según el modelo propuesto por el mundo podremos disfrutar de muchas de aquellas “prohibiciones” del evangelio a las que se allegan los enemigos de la luz. Sin embargo, al final, tendremos un gran dolor de cabeza que podría ser interpretado como “lloro y crujir de dientes”. Y no tendremos justificaciones, porque fue uno el que habrá elegido cumplir “mas o menos” o “vivir en la tibieza” o en un "tono gris".
La trampa de la que se vale el mundo, o los agentes de la oscuridad, consiste en obviar o minimizar el cumplimiento fiel, relativizando las consecuencias de los actos, interfiriendo la capacidad de reconocer el bien del mal y distrayendo con astutas sutilezas la conciencia. Por ello no deja de ser necesario recordar permanentemente que el mejor antídoto contra este mal es esforzarse por vivir de acuerdo a los principios aceptados, ya que es sólo en el ámbito de lo práctico como obtenemos la fortaleza de vencer estas cosas.
El Señor dice “probadme ahora en esto”. Si bien se refiere al diezmo de su pueblo y a las bendiciones resultantes, por extensión este desafío se puede aplicar a todo otro ámbito de la experiencia cotidiana e implica definir en quien pondremos nuestra confianza. Respecto a la actitud con que enfrentamos estas decisiones, resuena en mi memoria la firme voz de Josué diciendo “escogeos hoy a quien sirváis…más yo y mi casa serviremos a Jehová” (Véase Josué 24:15).

 

Comentarios
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El problema creo que además yace sobre la perspectiva que se tiene, quizás culpa de nuesta socialización primaria o secundaria según sea el caso, pues en general se nos ha criado con la perspectiva de que el "casi" es es correcto de usar y de vivir. No es sancionado y aún es permitido decir y vivir dicendo que cumplo con casi todos los mandamientos, voy casi todos los domingos a la Capilla, pago casi todos los meses el diezmo, ayuno casi todos los meses, oro casi todos los días, casi todos los lunes hago mi noche de hogar. Me imagino que en algún momento alguien podrá decirnos "Casi" te salvaste.
Creo firmemente que Dios es un dios celoso que no acepta términos medios, es como pensar que el agua hierve solo a 100 ºC y no a 99 ºC, que la diferencia la hace un solo grado pero esa diferencia entre ambos nos arroja como resultado que a los 99 sólo se tiene agua caliente y a los 100 comienza el milagro.
Saludos cordiales
Marco Antonio Panés Spano
Coquimbo - Chile

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Estilo SUD, 30 de enero de 2010
 
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