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¡Auxilio!
Pasé a la Sociedad de Socorro
Por Karina
Michalek de Salvioli |
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llegó el día tan esperado por seis largos años;
en la reunión sacramental el obispo nos entregará
a las jovencitas la medalla de reconocimiento a la Mujer Virtuosa
y una quisiera gritar:¡¡¡SE ACABARON LAS METAS
Y LOS PROYECTOS!!!
Confiadas y muy contentas caminamos por el pasillo del salón
para buscar el premio por tanto esfuerzo. Aunque reconocemos que
sin la ayuda de nuestras maestras hubiera sido difícil que
lo lográsemos, el mérito igual es nuestro.
Terminamos una etapa llena de actividades en donde nos sentimos
el centro del mundo: fuimos las abejitas del barrio a las que los
abejorros (léase chicos) molestaban con chistes tontos; fuimos
las damitas que empezaban a participar de bailes en la estaca y
las laureles que nunca supimos por qué nos llamábamos
laureles. Pasamos de chiquillas de 12 años a convertirnos
en “jóvenes adultas”, algo que suena a “joven
envejecida” o “todavía no sos ni esto ni aquello”.
La alegría de ver nuestro Progreso Personal completo se va
diluyendo a medida que transcurre nuestra primera clase en la Sociedad
de Socorro.
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| El
primer domingo la presidenta de la Soc.Soc. nos recibe con una hermosa
tarjeta firmada por las hermanas presentes. Pero no es como la que
recibíamos en mujeres jóvenes; está impresa
y sólo llenaron un espacio en blanco con nuestro nombre y
la fecha. Nos consolamos cuando una amiga nos explica que las hermanas
no tienen tiempo de hacer tarjetas a mano.
El salón está bien ordenado, con láminas, carteles,
manteles en la mesa y sobre el piano cerrado, hermosas flores provenientes
de algún jardín cercano. Las hermanas sentadas se
saludan y se pasan las últimas novedades. Nada diferente
a lo que pasaba en nuestra clase de mujeres jóvenes.
Comienza la reunión. La presidenta nos hace poner de pie,
en nuestro carácter de “nueva”, dándonos
la bienvenida. Una hermana del fondo comenta:”-¡Pensar
que la conozco desde que estaba en la panza de su mamá!”
Otra pregunta si tenemos novio y ante nuestro silencio nos dice
que somos muy jovencitas para tenerlo. Luego sigue la presidenta
con una larga lista de anuncios de actividades y pedidos especiales.
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| Entre
ellos se destaca el de voluntarias para cuidar a una hermana internada.
Y allí las vemos en acción, poniéndose de acuerdo
con horarios, explicaciones sobre por cuál escalera hay que
subir para ver a la enferma (¿será que una es más
alta que otra?), número de la habitación (el número
varía según use o no dentadura postiza quien hable entre
166 o 176), aclaraciones de la enfermedad (no pudimos saber de qué
estaba enferma), la última noticia sobre la internada y una
extraña discusión sobre quién tiene el último
parte médico. |
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Luego
de “ponerse de acuerdo”, pasamos a cantar un himno. No
hay música; sólo las voces de mujeres que parece que
no escuchan muy bien, el llanto de varios bebés y un cuchicheo
de hermanas que preguntan la dirección del hospital y la aclaración
de la escalera.
Comienza la clase, por suerte tan bien preparada como la de nuestra
maestra anterior. Mientras tanto, recibimos en nuestras manos un calendario
para poner nuestros nombres. Lo miramos desconcertadas tratando de
adivinar de qué se trata cuando un alma caritativa nos susurra:
“Anotate para darle de comer a los misioneros.”
Pasamos el calendario porque tenemos que consultar con mamá.
Pero ni bien empieza la clase, una hermana acota que ella no está
de acuerdo con cuidar a la hermana enferma por la noche. Que prefiere
ir bien temprano a la mañana. ¡Ese no es el tema de la
clase!
Nuestra amiga nos aclara que esa hermana mayor está un poco
sorda. |
| De
pronto vemos que alguien que está contestando una pregunta
se pone a llorar porque se acordó de algo que no entendimos
muy bien qué era. La maestra agradece la participación
pero la clase se detiene nuevamente para esperar a que encuentre los
anteojos quien debe leer una escritura. No los encuentra y termina
leyendo con los anteojos de la que estaba sentada delante suyo. Hacia
el final, todas quieren participar y la maestra se desespera por terminar
a tiempo.
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Alguien
se ofende porque no la dejan hablar (cuando escuchamos su voz durante
toda la clase), otra hace una pregunta por la internada en el hospital,
la presidenta intenta ordenar el final de la reunión y nosotras
nos preguntamos: "¿Esto es la Sociedad de Socorro?"
Al terminar la clase, una madre joven se nos acerca y nos calma: “Espero
que no te hayamos asustado, no siempre es así.”
Ingenuas creemos que ya pasamos lo peor. Pero
no salimos del asombro cuando una amiga de mamá se acerca con
un papelito y nos dice: “Este es tu distrito de maestras
visitantes, llamá a tu compañera y avisale que sos la
nueva”. Leemos el “papelito” y no conocemos
a ninguna de las hermanas que figuran ahí, ni siquiera a nuestra
compañera.
La secretaria se nos acerca y nos pide que dirijamos la música
el domingo siguiente y enseñemos la historia del himno “Sirvamos
unidas”; para ello debemos llamar a la directora de música
de la estaca y pedirle ayuda. Obvio, nos entrega otro papelito con
un número de TE. |
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La
hermana encargada de servicio caritativo nos pregunta si tenemos algún
horario libre, ya que no estamos casadas, para ir a visitar a la internada
y nos da el papelito con el número de habitación y la
escalera correspondiente.
Quien está encargada de historia familiar nos invita a buscar
nuestra genealogía y nos da el horario en un folleto; es más
organizada.
Y nuevamente la secretaria se nos acerca con otro papelito para que
asistamos a la reunión de Superación Personal para aprender
“cómo hacer mantelitos utilizando una sábana vieja”.
Terminamos con un montón de papelitos que intentamos ordenar
mientras comienza la Escuela Dominical. |
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La
primera vez puede ser atemorizante, aterradora y espeluznante. Pero
con el tiempo comprobamos que las hermanas son encantadoras. Disfrutamos
cuando vemos a la abuela de una amiga relatar su conversión
al evangelio. Nos reímos junto a nuestra maestra de la primaria
cuando comparte una experiencia sobre los llamamientos. Disfrutamos
las clases de Superación Personal al aprender sobre nutrición.
Nos anotamos en el “taller de cocina para dos”, con la
esperanza de ponerlo en práctica pronto. Todas las semanas
nos juntamos varias jóvenes adultas con nuestra maestra quien
está un poco sorda, pero tiene mucho sentido del humor. Aprendemos
a organizarnos para ayudar a otros. Descubrimos que hacer las visitas
puede ser una buena preparación para ir a la misión.
Por lo menos una vez al mes tenemos una clase dominical sólo
para las jóvenes y nuestra maestra nos demuestra su amor al
darnos la clase con un bebé en brazos, al cual todas queremos
acunar.
Una de nuestras amigas es la líder de las jóvenes y
ella organiza los viajes al templo, nos mantiene al tanto de los bailes,
cursos de instituto, convenciones, charlas fogoneras y noches de hogar
para los jóvenes del barrio.
El paso de Mujeres Jóvenes a la Sociedad de Socorro puede tener
sus matices más o menos trágicos y divertidos. |
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Con el tiempo vemos que podemos salir edificadas al compartir tan
diversas experiencias. Aprendemos a vivir el evangelio al ayudarnos
unas a otras y descubrimos así el significado de la caridad.
Es la organización en donde vemos, sentimos y vivimos “la
caridad”.
No será entonces tan difícil integrarnos a esta hermandad
mundial, de mujeres consagradas a edificar el reino de Dios sobre
la tierra. De mujeres que no toman en cuenta nuestro estado civil,
ni social, ni cultural, para servirse mutuamente, porque todas
“somos hijas espirituales de Dios amadas por Él”1.
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Declaración de la Sociedad de Socorro |
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Comentarios
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haciendo referencia en el Asunto al artículo |
"Para
mí es un verdadero gozo pertenecer a esta organización
de hermanas que sirven unidas. Como a algunas hermanas jóvenes
, entiendo que es difícil la transición de Mujeres Jóvenes
a Jóvenes Adultas Solteras. Pero créanme, todo está
en la actitud positiva que tengamos.Porque si reconocemos que somos
hijas de un Padre Celestial que nos ama, sabremos que Él prepara
cada una de las etapas de nuestra vida para nuestro propio provecho.
Así que al disfrutar, estamos aceptando Su ayuda , para prepararnos
mejor para el día en que regresemos con Él.
Yo agradezco mucho por las experiencias de las hermanas mayores. Me
han enselñado mucho mejor de lo que yo hubiera imaginado aprender
sola. Ahora sé cocinar, administrar mi hogar, tener tiempo
para servir y amar a mis semejantes. Trabajo con mis hijos en sus
tareas y sirvo en mis llamamientos. Son innumerables las cosas que
se aprenden dentro de esta divina organización.
Aprendan a amarla y disfrutarla. Muy pronto estarán agradecidas
por ella."
Con amor, Olga Guillén (39)
El Paso, Texas, USA |
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Estilo SUD, 9 de mayo
de 2009 |
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