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| Cómo
obtener revelación personal
Por el élder Bruce R. McConkie (1915-1985) |
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Deseo
referirme a algunas realidades espirituales y tratar en cuanto a lo
que tenemos que hacer para obrar nuestra salvación y ser miembros
dignos del reino de Dios en esta vida, a fin de calificarnos para
obtener nuestra recompensa eterna en la vida venidera.
Deseo hablar respecto a la revelación personal, la forma en
la que cada miembro de la Iglesia puede llegar a conocer la divinidad
de la obra y la forma en la que puede sentir la voz del Espíritu
en su corazón y alma; y, además, cómo puede ver
visiones, hablar con los ángeles, ver el rostro del Señor
y recibir todo el conocimiento y la sabiduría que han sido
derramados sobre los fieles en todas las épocas.
Nosotros, los mormones, tenemos el hábito de decir que creemos
en la revelación moderna; anunciamos que los cielos han sido
abiertos, que Dios ha hablado en nuestro tiempo, que los ángeles
han ministrado entre los hombres, que ha habido visiones y revelaciones
y que todos los dones que poseyeron los antiguos se han dado en el
presente. Pero, por lo general, al hablar en esta forma pensamos en
las experiencias de José Smith, de Brigham Young o Spencer
W. Kimball; pensamos en los Apóstoles y Profetas; en ellos
y en la Iglesia misma que sigue adelante sobre el principio de la
revelación.
Y bien, no hay duda alguna respecto a este asunto: La organización
a la cual pertenecemos es literalmente el reino del Señor y
fue establecida a fin de prepararnos y calificarnos para ir al reino
celestial; y esta Iglesia es guiada mediante revelación. En
distintas ocasiones en que he estado en reuniones con los apóstoles,
el Profeta de Dios en la tierra ha dicho, con humildad y testimonio
ferviente, que el velo se le presenta tenue, que el Señor guía
y dirige los asuntos de la Iglesia, que ésta es su Iglesia
y que Él nos está manifestando su voluntad.
Existe la inspiración en los que dirigen la Iglesia; ésta
está desempeñando su misión y progresando en
la forma en la que el Señor quiere que progrese a fin de que,
tan rápidamente como nuestras fuerzas lo permitan, su mensaje
vaya a sus otros hijos en el mundo y a fin de que nosotros, como miembros
del reino, podamos purificar y perfeccionar nuestra vida y ser dignos
de las más ricas bendiciones en esta tierra y en el más
allá. |
Pero
la revelación no es sólo para el Profeta, ni las visiones
de la eternidad están reservadas solamente para las Autoridades
Generales. La revelación es algo que debe ser recibido por
cada individuo. Dios no hace acepción de personas (D. y C.
1:35), y cada alma es tan preciosa para el como las almas de aquellos
que son llamados a puestos de liderazgo. Puesto que Él obra
sobre principios de leyes eternas y universales, cualquier persona
que obedezca la ley que le permita obtener revelación podrá
tener un conocimiento similar al del presidente Kimball, podrá
hablar con los ángeles tal como José Smith habló
con ellos, y podrá estar en armonía con todas cosas
espirituales.
El profeta José Smith dijo: “Ni la lectura de las
experiencias de otros, ni las revelaciones que ellos reciben, podrán
jamás darnos a nosotros un concepto comprensible de nuestra
condición y nuestra verdadera relación con Dios. El
conocimiento de estas cosas sólo se puede obtener por la experiencia,
mediante las ordenanzas que Dios ha establecido para ese propósito.
Si por cinco minutos pudiéramos ver lo que hay en el cielo,
aprenderíamos más que si leyésemos todo lo que
se ha escrito sobre el asunto.”
(Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 400). |
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| Pienso
que nuestro interés es obtener revelación personal,
saber por nosotros mismos cuál es la voluntad e intención
del Señor ( DyC 133:61) concerniente a nuestras preocupaciones
personales, y recibir confirmación de la voluntad e intención
con relación a su Iglesia. |
Hay
dos clases de conocimiento: intelectual y espiritual. Al concurrir
a centros de enseñanzas, primordialmente buscamos conocimiento
en el campo intelectual, conocimiento que recibimos probablemente
mediante el razonamiento y a través de los sentidos.
Esto es sumamente importante y animamos a todas las personas que deseen
progresar y alcanzar mayor entendimiento y preparación a mejorar
su capacidad intelectual. Pero creo que tenemos necesidad de dedicar
una porción constantemente mayor de nuestro tiempo a la adquisición
de conocimiento espiritual.
Al tratar realidades espirituales no estamos hablando de obtener algo
simplemente mediante la razón o a través de los sentidos,
sino que hablamos acerca de la revelación, de aprender a llegar
al conocimiento de las cosas de Dios poniendo nuestro espíritu
en armonía con el eterno Espíritu de Dios. Este es el
canal, la forma en que la revelación llega al individuo.
No me preocupa mucho que alguien evalúe un problema de cualquier
naturaleza, doctrinal o de la Iglesia, partiendo de una base estrictamente
intelectual; todo lo espiritual está en total y completo acuerdo
con las realidades intelectuales a las que llegamos mediante la razón,
pero cuando las dos cosas se comparan con relación a sus respectivos
méritos, lo importante son las espirituales y no las intelectuales.
Las cosas de Dios se conocen solamente por medio del Espíritu
de Dios. |
Cierto
es que uno puede razonar sobre asuntos de doctrina, pero no se abraza
una religión mientras no se siente algo en el alma, mientras
no ha habido un cambio en el corazón, mientras uno no ha llegado
a tornarse en “nueva criatura” (2 Corintios 5:17) del
Espíritu Santo. Gracias a la bondad de Dios cada miembro de
la Iglesia ha tenido la oportunidad de hacer esto porque, después
del bautismo, cada uno obtiene “el don del Espíritu Santo”
( D. y C. 33:15), lo cual significa que, de acuerdo con su rectitud
y fidelidad personales, tiene el derecho a la compañía
constante de este miembro de la trinidad.
Y bien, yo afirmo que tenemos derecho a la revelación. Cada
miembro de la Iglesia tiene derecho a recibir revelación del
Espíritu Santo; tiene derecho a que lo visiten los ángeles;
tiene derecho a ver visiones de la eternidad; y tiene derecho a ver
a Dios en la misma forma en que cualquier profeta lo ha visto. |
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Al
considerar a los profetas, pensamos en aquellos hombres que indican
el destino futuro de la Iglesia y del mundo. Pero, el hecho es que
cada persona debería ser profeta para sí misma y para
sus propios asuntos. Moisés dijo: “Ojalá todo
los del pueblo de Jehová fuesen profetas, y que Jehová
pusiera su Espíritu sobre ellos.” (Núm 11:29).
Y Pablo dijo: “...procurad profetizar...” (1Cor.14:39).
Ellos mismos nos aconsejan que, con todo nuestro corazón y
fuerza, como individuos y para nuestro interés privado o personal,
busquemos el don de la profecía.
Permitidme leer algunas declaraciones tomadas de las revelaciones
dadas a José Smith el Profeta, las cuales bosquejan la fórmula
mediante la que nosotros, como individuos, podemos llegar a conocer
las cosas de Dios por el poder del Espíritu. El Señor
dijo: “...hablaré a tu mente y a tu corazón por
medio del Espíritu Santo que vendrá sobre ti y morará
en tu corazón. Ahora, he aquí, éste es el espíritu
de revelación...” (DyC 8:2-3). |
Esta
revelación habla del Espíritu que dirige al espíritu,
del Espíritu Santo que habla al espíritu que está
dentro de mí, en una forma que es incomprensible para la mente;
pero es clara para el espíritu y transmite conocimiento, da
inteligencia, aporta verdad y da un discernimiento seguro de las cosas
de Dios. Esto se aplica a todos.
“Dios os dará conocimiento por medio de su Santo Espíritu,
sí, por el inefable don del Espíritu Santo, conocimiento
que no se ha revelado desde el principio del mundo hasta ahora; el
cual nuestros antepasados con ansiosa expectativa han aguardado que
se revelara en los postreros tiempos.” ( DyC 121:26-27).
Este es un pasaje glorioso y está dirigido a todo individuo
en la Iglesia; en otras palabras, es una revelación personal
para vosotros.
“Porque así dice el Señor: Yo, el Señor,
soy misericordioso y benigno para con los que me temen, y me deleito
en honrar a los que me sirven en justicia y en verdad hasta el fin.
“Y a ellos les revelaré (a todos en el reino de Dios)
todos los misterios, sí, todos los misterios ocultos de mi
reino desde los días antiguos, y por siglos futuros, les haré
saber la buena disposición de mi voluntad tocante a todas las
cosas pertenecientes a mi reino.
“Porque por mi Espíritu los iluminaré, y por mi
poder les revelaré los secretos de mi voluntad; sí,
cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han llegado siquiera
al corazón del hombre.” ( DyC 76:5, 7, 10). |
Ya
me he referido a que podemos hablar con los ángeles, que podemos
soñar y tener visiones, que podemos ver el rostro del Señor.
Aquí tenemos una promesa en ese sentido:
“De cierto, así dice el Señor: Acontecerá
que toda alma que deseche sus pecados y venga a mí, invoque
mi nombre, obedezca mi voz y guarde mis mandamientos, verá
mi faz y sabrá que yo soy.” (DyC 93:1).
El profeta dijo que el velo podría desaparecer hoy en día,
como en cualquier época, si nos congregáramos los élderes
del reino en fe y en justicia y llenáramos los requisitos para
tener visiones de la eternidad.
Aquí tenemos una declaración hecha por José Smith:
“La salvación no puede venir sin revelación;
es en vano que persona alguna ejerza su ministerio sin ella. Ningún
hombre puede ser ministro de Jesucristo sin ser profeta. Nadie puede
ser ministro de Jesucristo si no tiene el testimonio de Jesús;
y el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.
Cuando se ha administrado la salvación, ha sido por testimonio.
Los hombres de la época actual testifican del cielo y del infierno,
y jamás han visto ni el uno ni el otro; y yo diré que
ninguno sabe de estas cosas sin este espíritu de revelación.”
(Enseñanzas del Profeta José Smith, pág.
186). |
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Tenemos
derecho a la revelación. La revelación personal es esencial
para nuestra salvación. Las escrituras tienen muchos ejemplos
de lo que ha sucedido. Aquí tenemos algo que escribió
Nefi:
“Si no endurecéis vuestros corazones, y me pedís
con fe, creyendo que recibiréis, guardando diligentemente mis
mandamientos, de seguro os serán manifestadas estas cosas.”
(1 Nefi 15:11).
En el Libro de Mormón hay también una declaración
respecto a unos misioneros sumamente eficientes, los hijos de Mosíah:
“....eran hombres de sana inteligencia, y habían escudriñado
diligentemente las Escrituras para poder conocer la palabra de Dios.
Mas esto no es todo; se habían dedicado a mucha oración
y ayuno; por tanto, tenían el espíritu de profecía
y el espíritu de revelación, y cuando enseñaban,
lo hacían con poder y autoridad de Dios.” (Alma 17:2-3).
Citaré algo más. Esto es de José Smith el Profeta:
“Una persona podrá beneficiarse si percibe la primera
impresión del espíritu de la revelación. Por
ejemplo, cuando sentís que la inteligencia pura fluye en vosotros,
podrá repentinamente despertar en vosotros una corriente de
ideas, de manera que por atenderlo, veréis que se cumplen el
mismo día o poco después; se verificarán las
cosas que el Espíritu de Dios ha divulgado a vuestras mentes;
y así, por conocer y entender el Espíritu de Dios, podréis
crecer en el principio de la revelación hasta que lleguéis
a ser perfectos en Cristo Jesús.” (Enseñanzas
del Profeta José Smith, pág. 179). |
Las
Escrituras contienen muchos pasajes que mencionan la revelación,
pues los profetas han dicho mucho al respecto. Para nosotros esto
significa que tenemos necesidad de la experiencia religiosa, de llegar
a tener una relación íntima y personal con Dios. Tenemos
que hacer lo que dijo José Smith: “por cinco minutos...
tener una visión del cielo”.
La religión consiste en hacer que el Espíritu Santo
forme parte de la vida de una persona. Estudiamos y tenemos que evaluar
lo estudiado; y gracias a ese estudio llegamos a algunos principios
que nos colocan en un estado de ánimo espiritual. Finalmente
el resultado es que nuestra alma es conmovida por el Espíritu
de Dios.
¿Quisierais tener una fórmula en cuanto a cómo
obtener revelación personal? Esta se podría escribir
en muchas maneras. La mía consiste sencillamente en lo siguiente: |
- Escudriñar
las Escrituras
- Obedecer
los mandamientos
- Pedir
con fe
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Cualquier
persona que haga esto logrará poner su corazón en armonía
con el Señor al punto de que a su ser llegarán principios
eternos de la religión provenientes de la “voz apacible
y suave” ( D. y C. 85:6). Y a medida que progrese y se aproxime
más a Dios, llegará el día en que hablará
con los ángeles, verá visiones celestiales y, finalmente,
contemplará la faz de Dios.
La religión es un asunto del espíritu. Usad todo vuestro
intelecto para ayudaros; pero en el análisis final tendréis
que poneros en armonía con el Señor. |
La
primera gran revelación que una persona tiene que alcanzar
es la de conocer la divinidad de la Iglesia; a eso llamamos “testimonio”.
Una vez que la persona logra un testimonio, ha aprendido a ponerse
en armonía con el Espíritu y a obtener revelación.
Poniéndose en armonía con el Espíritu, puede
alcanzar conocimiento que lo dirija en sus asuntos personales. Finalmente,
gozando y progresando en este don, puede obtener todas las revelaciones
de la eternidad que el Profeta o todos los profetas han tenido en
toda época.
En cierta medida yo, junto con vosotros, he recibido revelación.
Yo he recibido revelación que me dice que esta obra es verdadera,
y en consecuencia, lo sé; esta seguridad es independiente de
todo estudio e investigación: Lo sé porque el Espíritu
Santo ha hablado a mi espíritu y me ha dado un testimonio.
En consecuencia, puedo declarar con toda autoridad y decir en verdad
que Jesucristo es el Hijo de Dios, que José Smith es su Profeta,
que Spencer W. Kimball es el Profeta hoy en día y que La Iglesia
de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es la
única Iglesia verdadera sobre la faz de la tierra.
Y además, en conexión con el tema que estamos considerando
aquí, puedo certificar y testificar que toda alma viviente
que obedezca las leyes de Dios, que escudriñe las Escrituras,
cumpla los mandamientos y pida con fe, puede tener revelación
personal de Dios para la gloria y satisfacción de su alma aquí
y para su salvación final en las moradas de lo alto (Juan 14:2). |
| Publicado
en la Liahona de abril de 1981 |
Estilo SUD, 03 de
abril de 2010 |
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