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Las
responsabilidades
de los maestros orientadores
por el Pte.marion G. Romney (1897-1988) |
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La
orientación familiar ocupa un lugar bien definido en el programa
del Señor para enseñar y animar a su pueblo a vivir
el evangelio.
Conforme a la primera fase de enseñanza del Señor, El
revela el evangelio a sus profetas. Mormón dice que Dios mismo
y los ángeles enviados por El, declaran: “la palabra
de Cristo a los vasos escogidos del Señor, para que den testimonio
de él.
Y obrando de este modo, el Señor Dios prepara la senda para
que el resto de los hombres tengan fe en Cristo, a fin de que el Espíritu
Santo pueda tener cabida en sus corazones...” (Moroni 7:31-32)
Siguiendo este procedimiento el Señor reveló el evangelio
a Adán en la primera dispensación y al profeta José
Smith en esta última. De la misma manera reveló el evangelio
a los profetas en todas las otras dispensaciones entre la época
de Adán y la del profeta José.
En la segunda fase de este programa de enseñanza, el Señor
exhorta a los padres a enseñar el evangelio a sus hijos. A
Adán le dijo: “...te doy el mandamiento de enseñar
estas cosas sin reserva a tus hijos” (Moisés 6:58).
En todas las dispensaciones subsiguientes ha dado instrucciones similares.
A principios de esta última, dijo:
“Y además, si hay padres que tengan hijos en Sión,
o en cualquiera de sus estacas organizadas, y no les enseñen
a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo,
el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu
Santo por la imposición de manos, cuando éstos tuvieren
ocho años de edad, el pecado será sobre las cabezas
de los padres.
Porque esta será una ley para los habitantes de Sión,
o cualquiera en cualquiera de sus estacas que se hayan organizado.
Y también enseñarán a sus hijos a orar y a andar
rectamente delante del Señor” (DyC 68:25-26,28)
Más adelante recordó a algunos de los hermanos que continuaban
bajo condenación porque no habían criado a sus hijos
conforme a la “luz y la verdad” como El les había
mandado que lo hicieran (Véase DyC 93:39-50). |
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En la tercera fase de
este programa de enseñanza el Señor ha depositado
la responsabilidad en su Iglesia. A fin de cumplir con esta responsabilidad,
la Iglesia ha creado muchas organizaciones, instituciones y actividades;
entre éstas se cuentan los quórumes del sacerdocio
con sus reuniones, las reuniones sacramentales, la historia familiar
y la obra del templo, el programa de bienestar y la obra misional,
los institutos y seminarios de la Iglesia, las organizaciones auxiliares
y las diversas actividades.
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Entre los muchos
programas y actividades anteriormente mencionados no se nombró
la orientación familiar... ¿por qué? Porque debe
mantenerse aparte en nuestro entendimiento y distinguirse claramente
de todo lo demás.
La orientación familiar no está limitada a un principio
del evangelio o una actividad determinadas de la Iglesia. Por mandato
divino este programa apoya y sostiene todos los programas y actividades
para enseñar el evangelio en el hogar y en la Iglesia. |
| ¿Qué
es entonces la orientación familiar? Cuando
funciona debidamente, lleva a la casa de todo miembro de la Iglesia
dos poseedores del sacerdocio divinamente comisionados, y llamados
con autoridad al servicio por el correspondiente director del sacerdocio,
así como por el obispo. |
Estos
maestros orientadores --poseedores del sacerdocio-- llevan sobre sí
la pesada y gloriosa responsabilidad de representar al Señor
Jesucristo en el acto de velar por el bienestar de todos los miembros
de la Iglesia y de animarlos e inspirarlos en el cumplimiento de sus
deberes, tanto para con su familia como para con la Iglesia.
Entre las responsabilidades específicas de los maestros orientadores
podrían enumerarse las siguientes:
Primero y lo más importante, vivir de tal manera que siempre
gocen de la inspiración del Espíritu Santo y actúen
de acuerdo a ella en el cumplimiento de sus responsabilidades. |
Segundo,
animar e inspirar a todos los miembros de la Iglesia a hacer su parte
en lograr mantener su hogar como verdaderos Santos de los Ultimos
Días.
Esto significaría, entre otras cosas, que los padres sean sellados
en el templo; que los hijos que no hayan nacido bajo el convenio sean
sellados a sus padres; que los futuros matrimonios se efectúen
en el templo; que se realicen regularmente las oraciones familiares
por la mañana y por la noche, y que de la misma manera cada
uno de los miembros de la familia diga sus oraciones personales; que
se comprendan las demás normas y prácticas del evangelio;
que se realicen regularmente las noches de hogar; que los niños
sean bendecidos y bautizados en armonía con lo establecido
en las revelaciones; que las ordenanzas del sacerdocio se merezcan
y se obtengan en el tiempo oportuno; que los poseedores del sacerdocio
asistan a las reuniones de sacerdocio; que se asista regularmente
a la reunión sacramental y que todos los miembros participen
en las organizaciones y actividades de la Iglesia para su desarrollo
temporal y espiritual. |
| Los
maestros orientadores responden con buena voluntad y sin reprimir
el espíritu de amor, a las necesidades y deseos de las familias
que les corresponden así como de cada uno de sus miembros;
y responden del mismo modo al consejo de su obispo y de sus directores
del sacerdocio. |
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Los
maestros orientadores son divinamente comisionados, habiendo sido
llamados al servicio por su líder de sacerdocio. Son guiados
en este servicio por el programa de la orientación familiar
presentado y dirigido por las Autoridades Generales de la Iglesia,
bajo el consejo de la Primera Presidencia. Sin embargo, el servicio
mismo y la responsabilidad de efectuarlo, no se originaron en la mente
de ninguno de estos siervos del Señor; se originaron en la
mente del Señor mismo y fueron revelados por El. |
| La responsabilidad
de la orientación familiar es inherente al llamamiento de todo
varón en el Sacerdocio de Melquisedec, y al de los oficios
de maestro y presbítero en el Sacerdocio de Aarón. |
Todo
poseedor del sacerdocio, a fin de magnificar su llamamiento conforme
al “juramento y al convenio que corresponden al sacerdocio”,
está obligado a responder al llamamiento de la orientación
familiar cuando oficialmente lo recibe. Así lo ha declarado
el Señor mismo en las siguientes palabras en la Sección
20 de Doctrina y Convenios: “El deber de los élderes,
presbíteros, maestros... de la Iglesia de Cristo: Un apóstol
es un élder, y es suyo el llamamiento de... velar por la Iglesia”
(versículos 38,42).
“El deber del presbítero es... visitar la casa de
todos los miembros, y exhortarlos a orar vocalmente, así como
en secreto, y a cumplir con todos los deberes familiares.
En todos estos deberes el presbítero debe ayudar al élder,
si es que el caso lo requiere” (versículos 46-47,52).
Esta declaración, vale decir, que el presbítero ha de
ayudar al élder a visitar la casa de todos los miembros, exhortándolos
a orar y a cumplir con todos los deberes familiares, equivale a decir
que estos requisitos están incluidos en la responsabilidad
del élder de “velar por la Iglesia”, la que incluye
también las responsabilidades específicas del maestro.
“El deber del maestro es velar siempre por los miembros
de la Iglesia, y estar con ellos y fortalecerlos;
Y cuidar de que no haya iniquidad en la Iglesia, ni aspereza entre
uno y otro, ni mentiras, ni difamaciones, ni calumnias;
Y ver que los miembros de la Iglesia se reúnan con frecuencia,
y ver que todos cumplan con sus deberes” (versículos
53-55). |
El
Señor debe de haber dado a los élderes (ancianos) de
la Iglesia primitiva responsabilidades semejantes, porque Pedro escribió:
“Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo
anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de
Cristo, que soy también participante de la gloria revelada:
Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando
de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta,
sino con ánimo pronto;
no como teniendo señorío sobre los rebaños del
Señor, sino siendo ejemplos de la grey.
Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis
la corona incorruptible de gloria” (1 Pedro 5:1-4). |
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La
orientación familiar no es sólo un mandamiento divino;
es también universal, hasta donde concierne a los poseedores
del Sacerdocio de Melquisedec así como a los maestros y presbíteros. |
| He buscado en
vano en las escrituras una exención de la orientación
familiar para cualquiera de los portadores del sacerdocio que regularmente
son llamados al servicio. |
En 1914, cuando
el presidente Joseph F. Smith hacía gran hincapié en
la orientación familiar, dijo en la conferencia de abril de
ese año:
“Recientemente, hemos fijado la atención en el hecho
de que algunos varones que han sido constantemente activos en la Iglesia
--en verdad, algunos de ellos han nacido y crecido en la Iglesia,
ocupando ahora cargos prominentes en algunos de los quórumes
del sacerdocio-- al llamarlos los presidentes de rama u obispos del
barrio en los cuales viven para visitar a los santos, enseñar
los principios del evangelio y efectuar los deberes de los maestros,
responden fríamente a sus obispos negándose a actuar
como maestros. |
| El
hermano Charles W. Penrose tiene ochenta y dos años de edad;
yo voy a cumplir setenta y seis, y creo que soy mayor que muchos de
estos buenos hombres que se han graduado en los deberes del sacerdocio
menor, y quiero decirles, tanto a ellos como a vosotros, que nunca
se es demasiado viejo para actuar como maestro si se es llamado para
ello. Nunca ha habido una ocasión, ni nunca la habrá,
en que aquellos que poseen el Sacerdocio en La Iglesia de Jesucristo
de los Santos de los Ultimos Días puedan decir en cuanto a
sí mismos que ya han hecho bastante. En toda la vida, y de
acuerdo a nuestra habilidad para hacer lo bueno, trabajar en la edificación
de Sión y el beneficio de la familia humana, debemos aceptar
con entusiasmo y buena voluntad el cumplimiento de nuestro deber,
sea este pequeño o grande.” (Gospel Doctrine, página
188) |
| A
fin de ilustrar cuán seria y literalmente tomaron esta asignación
los hermanos en los primeros días de la Iglesia, citaré
la siguiente declaración del élder William Cahoon, quien
se unió a la Iglesia el 16 de octubre de 1830, precisamente
seis meses y medio después que se recibió la revelación
concerniente a la responsabilidad de la orientación familiar. |
“Fui
llamado y ordenado para actuar como maestro y visitar las familias
de los santos. Todo anduvo muy bien hasta que me enteré de
que estaba obligado a visitar al Profeta y su familia en el cargo
de maestro. Casi sentí deseos de huir de mi deber. (Hasta cierto
punto puedo entender los sentimientos de este joven, pues en mi juventud
me asignaron como maestro para visitar el hogar del presidente Josepf
F. Smith.)
Finalmente, llegué hasta la puerta de su casa y golpeé,
y al cabo de un minuto el Profeta llegó a la puerta: Yo me
quedé allí de pie, temblando, y le dije:
--Hermano José, he venido a visitarlo como maestro, si esto
es oportuno para usted. |
El me respondió:
--Hermano William, pase, adelante, me alegro de verlo; siéntese
en esa silla y yo iré a llamar a mi familia.
Después que todos tomaron asiento, él me dijo:
--Hermano William, mi familia y yo estamos a sus órdenes --y
sentándose, continuó-- Y ahora, hermano William, haga
todas las preguntas que guste.
Al llegar a este punto habían cesado todos mis temores así
como mis temblores, y pregunté:
--Hermano José, ¿Está usted tratando de vivir
su religión?
El contestó afirmativamente; entonces proseguí:
--¿Ora usted con su familia?
--Sí.
--¿Les enseña usted los principios del evangelio?
El replicó:
--Sí, estoy tratando de hacerlo.
--¿Pide una bendición de alimentos?
--Sí.
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--¿Está
usted tratando de vivir en paz y armonía con toda su familia?
El replicó afirmativamente. Me volví entonces hacia
la hermana Emma, su esposa, y le pregunté:
--Hermana Emma, ¿está usted tratando de vivir su religión?
¿Enseña a sus hijos a obedecer a sus padres? ¿Trata
de enseñarles a orar? |
Ella contestó afirmativamente a todas esas preguntas. Enseguida
me dirigí a José y le dije:
--He terminado con mis preguntas como maestro y si ahora tiene usted
algunas instrucciones que darme me sentiré feliz de recibirlas.
A esto, él me contestó:
--Dios lo bendiga, hermano William; y si es usted humilde y fiel,
tendrá poder para vencer las dificultades que puedan presentársele
en su cargo de maestro.
Después de esto, dejé mi bendición de despedida
como maestro sobre él y su familia, y me fui.” (Juvenile
Instructor, volumen 27, págs. 491-492)
Los presidentes de la Iglesia siempre han tomado seriamente la orientación
familiar.
El presidente David O. McKay dijo: “La orientación familiar
es una de las oportunidades más urgentes y más satisfactorias
que tenemos para enseñar e inspirar, aconsejar y guiar a los
hijos de nuestro Padre... es un servicio divino, un llamamiento divino.
Es nuestro deber como Maestros Orientadores llevar el espíritu
divino a todo hogar y todo corazón. Amar la obra y hacer lo
mejor que se pueda brindará paz ilimitada, gozo y satisfacción
al noble y dedicado maestro de los hijos de Dios.” |
Considero
que ha llegado el momento en que todo poseedor del sacerdocio debe
ponerse la armadura de Cristo con respecto a la orientación
familiar, mantenerse como un hombre de Dios y cumplir con su deber
visitando la casa de todos los miembros de la Iglesia confiados a
su cuidado, tan frecuentemente como sea necesario, animándolos
e inspirándolos a llevar la vida que el Señor quiere
que vivan.
Si queremos rendir este servicio como para recibir del Maestro las
palabras: “Bien hecho, buen siervo y fiel”, debemos efectuarlo
no sólo como un deber, sino con el verdadero espíritu
de nuestro amado Salvador, el de un dedicado amor y verdadero interés
por la vida eterna de unos y otros. |
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| Mensaje publicado en la Liahona de octubre
de 1973, págs. 10-13 |
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Estilo SUD, 23 de
enero de 2010 |
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